jueves, 14 de mayo de 2015

Seré un puñado de angustias
cuando ya no sepa de vos.

Me envolverán el dolor,
los recuerdos de lo que fue tu presencia
y el pesar lógico de tu ausencia
se encargarán de aclararme
lo irremediablemente obvio:
Que ya no vas a volver.

Pero yo igual te esperaré,
porque eso es la fe,
creer que algún día
vas a volver.

Que entraras exultante de felicidad
y llenaras la casa de alegría,
que bailaras con la radio encendida,
que me dirás con algarabía
que sabrías que vendría,

Que hasta has preparado la comida,
y que tienes para contarme
mil cosas que han pasado
en el poblado en estos días

Y yo te escuchare
con enorme atención y simpatía
mientras vos
entre frases y sonrisas
llenaras de alegría
esta sala vacía
en la que yo espero
que vuelvas algún día.