domingo, 9 de junio de 2019

Hace años que no escribo una sola línea


Aunque para ser sincero, lo poco que escribí nunca paso de los borradores.

Llevo meses, años, prácticamente desde el momento en que hice la última publicación, tratando de pensar material para un próximo escrito.

Y nunca paso de ese pensamiento.

Ahora intento romper con eso.

Demasiadas distracciones para una mente que se dispersa con una notable facilidad.

Decidí buscar la inspiración, de modo que ayer a la mañana fui al Mercado Norte, y entre las compras sume una botella de whisky, un natural detonador de inspiraciones.

Pasaron las horas, lo que mas sumo fue la dispersión pero no la inspiración.

Preparé arroz al estilo japonés, preparé caramelos de goma. Me senté a esperarla, pero ella no llego.

La inspiración se demoraba en llegar a mí, como la primavera a mi corazón.

Nada.

Busco música. Poco tan inspirador como la música, pero mi inmensa colección de discografías no arroja disparadores importantes para la ocasión.

Subí a la terraza del edificio, realice algunas tomas fotográficas, presencie la antesala del atardecer, y volví al departamento.

Finalmente la noche comienza a anunciarse. Y mi mente sigue en blanco.

Destapo el whisky,.

Escucho a Liam Gallagher.

Busco discos de Noel.

La noche transcurrió en una secuencia de videos de Oasis y de ellos como solistas.

El frío de la madrugada me recordó las tantas en bar Zombis, y aquel amor de una ocasión, y que luego volvió por otra ocasión, y que luego no volví a ver.

El sol regreso, la mañana se anunció.

Ahora suena Noel, mientras me preparo el desayuno y decido que es momento de tomar el cuaderno.

Tengo que salir adelante con esto, como solo Liam supo hacerlo en los últimos dos años.

Comienzo a escribir, catarsis reflexiva que alivia la mente, derramamiento pobremente ordenado de tinta que sirve para tranquilizar mis pensamientos.

Y es así, como el ejercicio de improvisación concluye después de casi cuatro años sin escribir. 



Para este ejercicio de improvisación use como material de inspiración la frustración del vacío creativo; una escena del tomo uno del manga Slam Dunk de Takehiko Inoue, donde el personaje principal pronuncia la frase "la primavera ha llegado a mi corazón" al descubrirse enamorado de la joven Haruko Akagi.

También use como inspiración mi rutina de compras en el Mercado Norte, un lugar que logra transmitirme la sensación de los mercados de puestos de otros lugares del mundo.

La salida a la terraza fue un intento más para sumar a la inspiración.

La trayectoria de los hermanos Gallagher, tanto en Oasis como en solitario siempre me ha parecido un autentico y muy admirable ejercicio de auto superación.

Aunque, en realidad, todo el éxito podría atribuírsele solamente al whisky, gran inspirador para la poesía y la literatura europea, logró traer a mi mente recuerdos de momentos fugases pero hermosos. Lo que puede hacer un poco de malta y grano destilada y conservada en roble quemado con azúcar.

Esto es todo, y a la vez no es nada.




sábado, 3 de octubre de 2015

Reflexivo II


Cuando me trajeron a estudiar, yo no pensaba que la adaptación sería tan difícil, yo entendía que ya no estaría con mi familia y pensaba que no había mucho de que preocuparse, me llevaban a otra provincia, dentro del mismo país, no tenía que costarme tanto.

Pero el día a día fue convirtiéndose en un mundo muy caótico.

Yo en el sur tenía mis dificultades pero sabía manejarme.

A mi no se me había ocurrido nunca que venir al norte me acarrearía tantos inconvenientes.

Ir a comprar una lata de choclo, un poco de queso y una pascualina para hacer una tarta derivaba en tener una conversación casi obligada con el almacenero sobre como estaba el día, sobre si veía fútbol, de porque yo alentaba a un equipo de buenos aires y no a uno de mi provincia. Eran muy entrometidos en los temas de uno.

Todo tenía una broma, todo eso me cansaba.

Yo odiaba que me llamaran gringo, porque así me llamaba un tipo que había estado en pareja con mi abuela, cuando el idiota sabía que no me gustaba que me llamaran así. Acá, "gringo" paso a ser mi apodo principal.

De pronto se acabaron las ganas de convivir.

Como los odiaba.

Cuando hablaban, rápido, deformando la pronunciación y llevándola casi a lo inentendible para mí.

Se ahorraban las consonante de casi todas las palabras, y eso me obligaba a adaptarme a lo que parecía una lengua totalmente nueva y nunca enseñada en la escuela.

Y su sentido del humor, todo provocaba la gracia y las risas exageradas, yo que venía de la cuna nacional de la seriedad y la mirada firme no podía soportar semejante desborde de sonrisas.

No podían pronunciar mi segundo nombre porque al ser mapuche, la pronunciación les resultaba confusa, y por ende ni siquiera hacían el esfuerzo por intentar mencionarlo al menos una vez.

A los bizcochos de grasa les decían "criollos" y eran el sustituto de todo al momento del desayuno y la merienda y cuanto ocasión de tomar mate hubiera.

En las panaderías no vendían tortas fritas, en la mayor parte de ellas solo encontrabas "criollos".

¿Como carajo me adapto a esto? pensaba yo muy internamente.

El tiempo me enseño.

Cuando me canse de tropesar y golpearme con los mismos problemas de siempre, cuando asumí que no podía seguir viviendo como extranjero en mi propio país por no querer aceptar las costumbres de otros connacionales, por mas que ellos no quisieran aceptar muy del todo las mías.

Cuando entendí que no podía seguir persiguiendo sueños de allá, estando yo acá.

Ahí me encontré. Y me dolió. Y me sentí un poco solo. Quizás muy solo.

Y ahí acepte que necesitaba conocer gente de acá, y empezar a aprender.

Porque eso es la vida, un ida y vuelta permanente, pero siempre aprendiendo.

Acepte empezar a hablarme con aquellos que me hablaban y yo ignoraba.

Comencé a juntarme con ellos a estudiar y a comer cada vez que era posible, ya que hasta el momento me hablaba por lo general con chicos de otras provincias y principalmente de mi provincia natal.

Conocí varias caras en una misma ciudad, la de la vida "bien" de Nueva Córdoba, la de vida "normal" en los limites del centro y los barrios aledaños, y la vida sufrida en los margenes de la ciudad.

Así viví varios años. Ame las luchas de Alberdi, las luchas del "Pueblo de La Toma", las tome como bandera propia, aunque no lo fueran quizás.

Me volví interesado en saber por la vida de quienes no tenían escuelas y hospitales decentes, de quienes padecíamos un transporte con paros sorpresivos que nos dejaba a mitad de camino del destino deseado.

Me volví adicto al "Paseo de los Artesanos", empece a sentir la necesidad de peregrinar sus calles y pasajes de manera rutinaria y religiosa todos los fines de semana. Empece a comprender que ese lugar me transmitía una enorme calma.

Con los años llegue a la necesidad de aclarar mi mirada política. Pero tarde en mostrarlo públicamente, tarde siete años en hacerlo.

Y cuando llego el momento y pude en aquel papel de militancia ver que lo que yo conocía en realidad era mucho mas complejo, comprendí que no me había alcanzado el tiempo, y que quizás lo desperdicie enojandome sin sentido.

Cada nueva persona me enseño una razón para sonreír, me explico que siempre había motivos para juntarse y expresar la alegría de una amistad.

Entonces lo asumí, empece a reír mas seguido, empece a mirar de manera optimista, a sonreír y agradecer la oportunidad de conocer a cada uno de los que estaban cerca mío.

Y mi tonada sureña de pronunciación neutral y seca acepto algunos términos naturales de acá.

Ahora ya aceptaba cada broma con humor, disfrutaba de cada chiste y las diferencias culturales ya no era una barrera natural para mí; ya no existían ahora.

Asumí que el "Paseo de los Artesanos" era mi nuevo "Lugar en el mundo".

Entendí que todo este tiempo me había equivocado.

En realidad yo venía de la cuna nacional de la antipatía y al parecer había sido el líder de esa región.

Valoré cada encuentro. Valoré cada momento. Comencé a sentirme uno mas entre el montón.


No puedo creer lo que voy decir, de hecho nunca pensé que iba a hacerlo:

Voy a extrañarlos mucho cuando ya no este mas acá.


domingo, 24 de mayo de 2015

Todo en exceso hace mal

Recuerdo cuando en ocasión de unos dolores que tuve en el pecho decidí que iba a empezar a hacer ejercicio, no tuve mejor idea que comunicarles la decisión a algunos amigos y conocidos.

Algunos, profesionales de la salud, y otros, profesionales del deporte, aplaudieron la iniciativa. Y una en particular me hizo hervir la sangre de bronca.

Resulta que al contarle, me salio con "si, y a hacer abdominales hasta que se noten los cuadraditos".

Obviamente le critique lo básico de su razonamiento, pero ella se defendió diciendo que hoy en día si bien lo importante es lo de adentro, nadie se fija en vos si por fuera no te ves muy bien, y que en realidad la imagen lo es todo para llamar la atención del otro.

¿Como aceptar semejante banalidad?, ¿como se puede ser tan necio para decir semejante estupidez?

Ella insistió con su teoría, incluso menciono una ocasión en que una compañera suya de trabajo fue a comprar a un negocio, que yo la atendí, que identifique donde trabajaba y que le hice enviar saludos a través de esa chica. Entonces me dijo que cuando le comunicaron del mensaje la muchacha le dijo "presentamelo" haciéndole un guiño de ojos; y de ese modo defendió la idea de que me faltaba mejorar un aspecto débil en mi: mi estado físico.

Al margen de la historia ridícula que uso de excusa para potenciar su pensamiento, es interesante oír eso, encontrarme con un planteo que señala que la apariencia construye la personalidad, que el tener cuerpo trabajado nos dará mas seguridad.

Tengo años escuchando eso, y por eso mismo es que estoy convencido de que esa lógica funciona casi al revés.

No hace falta tener un cuerpo totalmente tonificado, lo único necesario es tener una rutina alimenticia equilibrada, respetarla, y ejercitarse en lo mínimo para mantenerse en buen estado.

El deporte en exceso es un absurdo tan grande como nocivo para la salud.

Desde que soy adolescente vengo defendiendo que el cuerpo tiene una utilidad, que la rutina sedentaria lo daña enormemente, que es necesario ejercitar ciertos músculos para evitar dolencias y problemas mayores a futuro.

Ahora, siempre deje en claro que mi defensa a hacer ejercicio tiene que tener un buen motivo, ir al gimnasio y entrenar partes del cuerpo que no necesitas entrenar, aplicar hipertrofia por la sola maña de hacerlo es generarse daños al largo plazo.

¿Cual es el problema con que alguien se sienta cómodo con su cuerpo?

¿Cual es la necesidad de perseguir la aceptación del otro? Incluso de personas que ni siquiera te conocen.

¿Realmente vale la pena?

¿Cual es el sentido en verdad?

¿No será que en realidad en la búsqueda de ese "cuerpo perfecto" se esconde un verdadero miedo?, ¿un miedo al estigma social?.


sábado, 23 de mayo de 2015

Fragmento 4

¿Así que eres feliz viviendo de ese modo tu vida?

¿Serías así de feliz si no tuvieras todo lo que ostentas?

¿Tu felicidad meramente por lo material? ¿Pasa por seguir tendencias momentáneas de moda?

¿Alguna vez te han hablado de que en la simpleza se encuentra la verdadera tranquilidad?

¿Sería feliz si no tuvieras todo lo que tienes?

¿Estarías igual de tranquilo contigo mismo como lo estas ahora?


viernes, 22 de mayo de 2015

Se me ocurre de momento

Hay cosas que me gustaría mejorar en mi personalidad, algunos de ellos son ya condicionamientos sociales.

El apego que tengo a ciertas cosas por ejemplo, me gustaría no tener tanto apego a ciertos elementos materiales.

Desde ya aclaro que no puedo desprenderme de los libros, hay una necesidad irremediable de leer, de conocer sobre otros ámbitos, otras sociedades, otras estructuras de pensamiento, o bien sobre ciencias, música, espacios en los que siento una relativa comodidad.

Pero de aquellos costumbrismos que me metió la sociedad con el paso del tiempo es de lo que quisiera librarme, la lectura es uno de ellos, pero eso sería mas bien un beneficio enorme para mi formación cultural.

El celular es una de las cosas que mas me molesto desde que llego a mi vida,trate de resistirlo lo mas que pude.

Cuando me dieron el primero ya lo veía como un elemento para que me hicieran seguimiento de mis acciones. Un atentado a mi libertad básicamente.

Lo evitaba, no podía siquiera hacerme la rata de la escuela tranquilo, eso podía sonar en cualquier momento y ponerme en problemas si lo que sonaba de fondo atrás mío no era algo parecido a un entorno escolar.

Con el tiempo tuve que aceptarlo, reconocer que todos lo usaban, que era útil para coordinarse con los amigos y compañeros de la escuela.

Con el tiempo adquirió una importancia relativa, de ser importante para manejarme con amigos a tener que sumar uno solamente para comunicarme con mi familia una vez que empece mi camino de estudiante universitario.

Llego a haber un tercer celular, que servía para llamarla a una mujer con la que no paso nada al final.

Hoy por hoy me manejo con dos, pero es uno el mas uso, aunque de ese aparato solo obtengo como mayor utilidad el reproductor musical.

Tengo días en los que suelo salir a caminara la plaza o al parque, y donde no llevo mas que el DNI y un libro, porque lo único que busco es experimentar la libertad, no sentirme esclavo de un elemento que solo me transmite una mentira que quiere hacerme creer a toda costa que solo con el estaré conectado al resto del mundo, y que es la única forma de comunicarme constantemente con los míos.

La comunicación interpersonal inicio eso: la idea de que a través de un medio distinto al natural se puede conservar el dialogo de tipo personal.

Soy un férreo opositor a los modismos que atentan el dialogo personal, a menudo reniego de algunas redes sociales.

Como también reniego de las modas, de la falta de defensa de la cultura popular.

No tengo muchas cosas en mi departamento, solo lo básico para sobrellevar el día a día, un par de zapatos y dos pares de zapatillas, cinco pantalones, tres camisas, cinco buzos y ocho remeras.

Vivo con tres plantas que están siempre mirando por la ventana, con lo justo en la alacena y con la heladera vacía. Con una pila de apuntes que son mi única compañía.

A mi no me molesta vivir así, al contrario, así es como he logrado mi perfecta armonía.


Fragmento 3

Adoro el clima otoñal, el aire fresco, especialmente el del atardecer.

Salir a caminar por la ciudad con mi campera de jean parchada, recorrer la plaza Colon, la plaza San Martín, El Paseo de los Artesanos. Caminar Alberdi.

Llegar a casa, sacar del ropero un par de frasadas mas para enfrentar la noche, es quizás la etapa que mas adoro del año.

Lo que no me gusta, que mas bien me genera cansancio, es el clima veraniego el pleno otoño.

Ahora estoy atravesando esa tediosa micro etapa, mientras espero ansioso a que regrese el clima fresco, con sus noches de te y chocolate caliente.

martes, 19 de mayo de 2015

Un pensamiento cotidiano

Desde hace un par de días vengo pensando en lo fácil que es hacer opinología sobre los demás ( los "demás" sería el resto del conjunto social).

Que simple que es juzgar a otros, minimizarle permanentemente el esfuerzo, cualquiera sea ese esfuerzo, desde la manera en que encara la rutina hasta una posible acción social.

Veo gente que llega al punto de decir que toda la sociedad esta desviada, que no tenemos valores culturales, que la sociedad de antes era mejor. Llegan al punto de compararnos con otro conjuntos sociales que, según ellos son mas estructurados.

Que somos unos mugrientos. Que no cuidamos a los animales.

Yo no creo que seamos de lo peor.

En lo personal creo que el tema debiera ser un "asunto personal" (valga la redundancia).

Llevo años en realidad pensando en esto, lo que me ocurre es que cuando empiezo a razonar eta situación quedo prácticamente durante días dando vueltas con el tema.

Básicamente creo que como sociedad no tenemos motivos para pensarnos como lo peor que pueda haber, y creo que las comparaciones no son malas pero están muy mal aplicadas.

Pretender que cambie el conjunto entero no me parece la solución. Estoy convencido de que el cambio debe ser personal.

Si a uno le disgusta algo, tiene que ser uno mismo el que promueva el cambio a través del ejemplo.

En mi caso, que me duele la situación de la gente viviendo en la calle, lo que hago es participar en un comedor para gente en situación de calle, lo hago de manera totalmente voluntaria. En otras ocasiones he viajado a localidades vecinas para ayudar a damnificados por catástrofes naturales, y en esos casos me he integrado a grupos armados para funciones especificas.

En esos casos trate de dar el ejemplo de como mejorar como sociedad a través del empeño personal.

Alguna vez también fui socio de Médicos sin Fronteras, de UNICEF y hasta de un importante Club de mi país.

Hay otras cosas que también me preocupan, como el maltrato a los animales, pero en fin, no me da el tiempo para dedicarme a tantas actividades.

Creo que de esta forma uno aporta mas socialmente que haciéndolo desde la estricta posición crítica, que en definitiva no hace mas que cuestionar permanentemente al conjunto social.

Durante el mundial de fútbol que se desarrollo en Brasil en el 2014 note, ya bastante acostumbrado, como la gente se deshacía en elogios para con los japoneses, pues resulta que al finalizar cada partido donde jugaba su selección, esta gente, de manera muy organizada, se disponía a levantar toda la mugre que habían generado para entregar su lado del estadio tan limpio como al momento en el que ingresaron para ver el partido.

Bueno, obviamente se empezó a decir que eso era "cultural", un claro ejemplo de lo atrasados que somos como sociedad porque somos incapaces para organizarnos incluso para una iniciativa tan simple como esa.

Solo por mencionar ese caso podemos decir que tenemos un problema para resolver.

Pero, por ejemplo, yo que los admiro tanto a los japoneses por su alto nivel de organización no puedo evitar tener que reconocer que ellos tienen conductas gravisimas que atentan contra la fauna marina.

Solo voy a mencionar el consumo de carne de ballena y de aleta de tiburón, pero la cantidad de especies que están en vía de extinción, y en las que ellos han contribuido notablemente a esta situación es algo en verdad muy alarmante.Hay pedidos de la ONU solicitándoles que los retiren de su dieta cotidiana para salvar a dichas especies.

Ellos también acarrean problemas severos en cuanto al nivel de abusos sexuales, tienen una tasa altísima al respecto. La cantidad de hombres mayores que se estaciones frente a las escuelas para filmar, fotografiar y dar a conocer estos contenidos en internet es algo enormemente preocupante.

Entonces, no veo mal reconocer nuestro errores, es una forma de promover el progreso social. No veo mal que se hagan comparaciones con la realidad de otras sociedades, nos ayuda a ver que tanto avanzamos ( o lo contrario).

Pero lo que si veo muy mal es la crítica permanente por el solo hecho de cuestionar, y donde la idea no es mas que dañar.

Comencemos dando el ejemplo entre nosotros de manera respetuosa.

Hagamos simples acciones, muchas veces es la mejor forma de empezar algo que con el tiempo nos dará un gran aprendizaje para poder enseñarle a los demás.

Separemos la basura en casa, limitemos el consumo de agua, participemos en organizaciones para el cuidado de animales. Empecemos a informarnos sobre la realidad del maltrato que reciben las mujeres socialmente, organicemonos para ayudarlas a defenderse.

Pero ante todo, no nos quedemos en el simple y cómodo comentario que solo sirve para cuestionar y nada mas.


viernes, 15 de mayo de 2015

Reflexivo

Me es irremediable cada vez que me encuentro solo, cada vez que el silencio me envuelve, no quedar victima de los recuerdos del pasado, de las vivencias de la infancia y la adolescencia que de alguna manera u otra fueron adquiriendo un significado de enorme valor para mí.

Me gusta pensar que esto que me ocurre también le sucede a otros.

Que esos otros también son victimas de sus recuerdos del pasado, que ellos también añoran aquellos grandes momentos transcurridos.

Que en esos recuerdos uno revive las primeras sonrisas picaras con papá, los paseos por la plaza de la mano con mamá, como también las primeras y cada una de las travesuras de niño en el barrio.

Los primeros golpes de esos bien fieros con la bicicleta "sin rueditas", los cumpleaños con los amigos cerca de casa y con los compañeritos de la escuela. Las tardes ya muy anochecidas jugando a la pelota.

Los actos del 25 de Mayo, del 9 de Julio y el Día de la Bandera vestidos de Granadero, de Belgrano o de negrito vendedor de empanadas.

El primer día en la secundaria, los nuevos compañeros. El hacerse el muy hombre renegando de los besos de mamá.

El primer amor. Las primeras lagrimas por aquel sentimiento que resulto no correspondido.

Las primeras escapadas de la escuela.

El sostenerse codo a codo con los amigos, el estar juntos aún al momento de defenderse de la agresión de otros como uno o como no.

El egreso del colegio.

El asumir que algunos seguirán estudiando y otros empezaran a trabajar, que seguimos siendo chicos, pero que llego el momento de "madurar".

Que nefasta mentira es la madurez, matar la adolescencia y empezar a envejecer.

Me es irremediable no acordarme de lo que fui alguna vez. Me gusta pensar que a otros les sucede también.


jueves, 14 de mayo de 2015

Seré un puñado de angustias
cuando ya no sepa de vos.

Me envolverán el dolor,
los recuerdos de lo que fue tu presencia
y el pesar lógico de tu ausencia
se encargarán de aclararme
lo irremediablemente obvio:
Que ya no vas a volver.

Pero yo igual te esperaré,
porque eso es la fe,
creer que algún día
vas a volver.

Que entraras exultante de felicidad
y llenaras la casa de alegría,
que bailaras con la radio encendida,
que me dirás con algarabía
que sabrías que vendría,

Que hasta has preparado la comida,
y que tienes para contarme
mil cosas que han pasado
en el poblado en estos días

Y yo te escuchare
con enorme atención y simpatía
mientras vos
entre frases y sonrisas
llenaras de alegría
esta sala vacía
en la que yo espero
que vuelvas algún día.



domingo, 10 de mayo de 2015

El hombre que maldecía su desgracia

Insultaba. Insultaba a los cuatro vientos. Todo le molestaba, esta claro que vivía nervioso,presa de su torpeza natural, enojado porque todo lo que le pasaba a diario lo confundía.

Quería tener estilo. Para ir a trabajar lo hacía de traje, sombrero fungi estilo tanguero y maletín en mano.

No podía con el genio, todos los días iba a la parada del colectivo, mientras se quejaba en voz baja de la cola de gente esperando, de los colectivos cargados de pasajeros que le hacían pensar lo que le podía esperar. El siempre veía el día nublado.

Se quejaba del viento que le desacomodaba el sobretodo cuando no lo tenía abrochado, que le corría el sombrero de la cabeza, que el maletín por lo pesado le cansaba la mano, y entonces lo pasaba a la otra mano, luego esta se cansaba y terminaba en el piso entre sus piernas para finalmente volver a la primer mano haciendo así un circuito interminable.

Se quejaba, se quejaba y en eso una ráfaga de viento le voló el sombrero fungi estilo tanguero justo cuando a una cuadra se vislumbraba la llegada del colectivo que tanto esperaba. No quedaba mas opción, había sido una adquisición demasiado cara, por lo que tomo su maleta del suelo y entre maldiciones dedicadas al mismo viento vio como el accesorio iba tomando altura, y el, corriendo para ver si en algún momento podía hacerse de nuevo con su elemento.

Como les decía, corrió por la vereda, corrió esquivando vendedores ambulantes, chicos de primaria y secundaria, señoras comentando los avances de la novela de la noche anterior, y simples personas distraídas de este pobre desgraciado que termino impactandolas, y que sin tiempo alguno de disculpa correspondiente, se reincorporaba, continuaba su andar desesperado maldiciendo al viento por el cansancio provocado, por el calor que ahora llevaba encima pese a ser una mañana de 8 grados de temperatura.

La transpiración en la frente, el traje todo desacomodado, la escena para cualquier automovilista de un hombre con sobretodo cruzando la calle a las corridas atrás de un sombrero que tenía a dos metros por encima resultaba por demás entretenida.

Finalmente y tras dos cuadras de persecución muy poco inadvertida por los transeúntes, nuestro personaje logra hacerse con su tan apreciado sombrero fungi estilo tanguero, al cual el viento ha dejado caer sobre una de las entradas a una galería comercial, allí en Av. Colon.

El se detiene frente a el, lo mira, lo mira mientras respira con intensidad, lo mira mientras respira con intensidad y nota con franca desilusión lo desacomodado y húmedo de transpiración que ha quedado su traje.

La gente lo mira a el, lo miran y tratan de entender la escena ocurrida a las 7 am. Todos a su alrededor entienden que aún tienen sueño, excepto el, que lo perdió persiguiendo un sombrero, el único sombrero en las dos cuadras que duro la persecución, y quizás también en toda esa parte de la ciudad.

El se acerca a su sombrero, lo levanta, lo sacude y lo regresa a su ahora despeinada cabeza, para luego mirarse las manos, mirar su maleta y maldecir su mala suerte cotidiana.

En eso llega el colectivo, que se detiene en el punto indicado a pocos metros de el. El se sorprende, haber corrido tan rápido como para adelantarse al vehículo.

Se alegra, es que quizás no fue un día tan malo, algo bueno puede rescatar después de tan traumatica escena.

- "Quizás este pueda ser un gran día", dice ilusionado mientras camina a la parada para abordar el colectivo.

Fragmento 2

Cuando cae la noche, y mas aún si esta lloviendo, es cuando parece que me viene la mejor inspiración.

Eso parezco tenerlo claro, porque hoy es domingo, son las tres y media de la tarde y no se me cae una idea de la cabeza.

Esta claro, hoy es domingo de flojera, un domingo como cualquiera.


miércoles, 29 de abril de 2015

De Fútbol y de Trenes

Yo me acuerdo aún de esa noche. Si, yo aún lo recuerdo.

Corría Diciembre del 2010, era la antesala de la final de la Copa Sudamericana que Independiente jugaría con Goias de Brasil.

La tensión en mi cuello y en mi espalda fueron la gran vedette de aquellos días, y en especial de aquella noche.

Llegar de la facultad y buscar en internet alguna transmisión de esas bien truchas, sentarme y empezar a rezongar cada 2, cada 3, cada 5 minutos, porque se caía la señal, la podrida señal trucha.

Por ese entonces ni internet pagaba yo, me limitaba a tomar señales que figuraban sin contraseña por la zona. No había plata para tanto lujo.

En fin, me senté, escuche el partido, que fue genial, porque en la ida habíamos perdido por 2 a 0, y ahora, en la vuelta, arrancamos con ellos metiéndonos un gol, pero en rápidas reacciones de nuestros delanteros pasamos a ponernos por 3 a 1. Parecía una final soñada, la tensión al máximo, de seguir con este resultado, pasábamos a los suplementarios de "15 y 15", y ni hablar si persistía el mismo resultado; ahí ya pasaríamos a los penales.

Todo eso sucedió.

Los suplementarios fueron una tortura donde ninguno se toco, y en los penales la sangre hervía.

A todo esto, los 3 goles de Independiente los grite con un desespero único. No podrían imaginar algo menor en los penales.

Pero entre tanto y tanto sería útil entender cual era el contexto en el que trascendía mi noche.

Yo vivía en un edificio, mis vecinos en el piso no eran de darse a conocer mucho. Excepto una de las vecinas.

Un caso muy particular. Criada en la alta alcurnia, ella y su hija (que no pretendía que la consideraran menos que la madre), eran de las típicas copetudas de un conchetisimo barrio porteño.

Nunca me explico como carajo fue que termino en el centro de Córdoba, al que según ella, odiaba con todo su corazón; desde lo mas profundo de su corazón.

Ella gritaba muchas blasfemias. Era peor que un patovica cuando quería expresarse agresivamente con alguno de los vecinos. Ella estaba convencida de que tenía el derecho a tratarnos como a una mugre.

Curiosamente yo le caía en leve simpatía, razón por la cual algunas veces tenía que soportarla.

Aquella vez la había visitado una hermana, que se la daba de española, pero vivía también en el interior del país.

Fue esa noche que estaban todas reunidas en el departamento, viendo un programa de la televisión estatal española.

Hubieran visto el programa sin problemas pero cada tanto se escuchaban gritos en el departamento de en frente; gritos que ellas escuchaban bien porque tenían la ventana abierta, al igual que el vecino que gritaba.

Cada gol para mí irradiaba la necesidad de gritar desesperadamente. Los penales no fueron menos, no llegue a mi libertad en pleno con los últimos tiros porque salto esa mujer engreída en aire gallego y empezó a increparme muy alardeantemente:

- ¡Podes dejar de gritar que trato de ver la televisión tranquila!

No podía ser menos y salí al cruce de inmediato:
- ¡Seguí con lo tuyo y a mi no me jodas!

Y en ese momento fue que recurrió a la amenaza:
- ¡Si no te dejas de joder voy a tener que llamar a la policía!

Cansado de la discusión, le cerré el dialogo:
- ¿Sabes que? ¡Voy a cerrar la ventana porque no tengo ganas de discutir con vos!

Y así fue.

Últimos tiros desde el área penal, remata el maestro, remata Tuzzio. Gol y a otra cosa. Gol y grito desaforado, quizás mas desesperado y con mas fuerza que nunca antes. Quizás mas que en aquella copa local del 2002.

La vieja manotea el teléfono, yo empiezo a saltar y cantar en el comedor, de ahí pego el salto a la habitación, arranco la bandera de la pared a la que solo estaba unida por unos puñados simples de cinta transparente gruesa, corro a abrir la puerta, corro por el pasillo a los gritos, bajo las escaleras a los gritos, salgo del edificio gritando, cantado desaforado, y en eso llama mi viejo a mi celular:

- Hijo, ¿sabes como salio el partido?

- ¡Ganamos!, ¡estoy yendo al centro a festejar!

- Bueno, bueno, jaja, no vuelvas tarde nomás.

- ¿Chau Pá!

- Chau hijo

Entro a la peatonal, llego a la calle Tucuman sorteando insultos de fanáticos locales que nunca supieron lo que es ganar una copa local, menos sabrán lo que es ganar una internacional.

Llego a la avenida Velez Sarfield pero el transito es el de siempre, entonces bajo hasta casi llegar a la Peña del club en la ciudad (Peña que hoy ya no existe), y los veo salir a todos en caravana y cantando, de modo que me llego eufórico a sumarme con ellos.

Había algunos uniformados, mucho no nos importo a los casi 200 que terminamos cortando el transito, caminando y cantando alrededor del poste que en su parte mas alta tenía una cámara para vigilar el movimiento vehicular, justo en la intersección de las avenidas Velez Sarfield, Irigoyen y Bv. San Juan.

Aparecieron mas de esos aguafiestas pero esta vez vestidos de civil. Tampoco nos importo, durante poco mas de una hora nos divertimos haciéndolos rezongar cada vez que los esquivábamos, puesto que en cada ocasión que se acercaban a corrernos para la vereda del Shopping que da a Velez Sarfield, nosotros salíamos a darle otra vuelta al susodicho poste, dejándolos a ellos acaparando los insultos de los automovilistas.

Ya para cuando nos cansamos de verle la sufrida cara de bronca a los canas, para cuando nos cansamos de cantar, nos dispersamos. Cada uno a su casa, porque después de todo la vida sigue, y esos momentos en realidad son solo instantes, y duran y deben durar solo lo que dura un instante.

Por eso volví a casa, sintiéndome campeón, quizás como muy pocas veces en mi vida me sentí.

Dormí tranquilo, dormí feliz.

Pero fue esa noche, que entre esos momentos, entre canto y canto, cuando nos detuvimos en la avenida después del ritual de darle la vuelta al poste de transito, se me dio por mirar al cielo.

El se había ido poco mas de un año atrás. Mi abuelo.

El me transmitió el sentimiento por un club que ni siquiera era de mi zona, puesto que mi familia es de Chubut, y yo lo mas lejos que llegue fue a Córdoba, pero nunca pise Buenos Aires.

El había sido ferroviario. Dicen los que lo vieron en el taller, los que presenciaron esas épocas, que el fue uno de los mejores ferroviarios que pudo haber en el pueblo. En El Maiten.

El fue en sus inicios un empleado en una estancia a cargo de unos ingleses, trabajaba arreglando herraduras y demás materiales que en lo cotidiano se dañaban.

Un buen día, tras recibir la noticia y meditarlo, emprendió el camino hacia la estación ferroviaria, su encargado en la estancia le había dicho que ese era un error enorme.

Tomó el tren, paso frío, llego a un pueblo desértico, horrible, donde empezaría su formación: Las Martinetas, provincia de Buenos Aires.

En el Ferrocarril empezabas de abajo, y eso implicaba salir a reparar rieles y durmientes. Ser "Obrero de Vía y Obra" era extremadamente agotador, coordinarse con los compañeros, cavar, trabar el riel, y a fuerza de mazazos sacar un durmiente que, entre 4 hombres había que llevar con el resto de los materiales a fin de ser revisado en el taller principal.

Fueron años difíciles, sufridos por sobre todo, de crecer laboralmente, de ir escalando, de mirar la planilla de "Traslados y Vacantes".

Esa planilla que el chequeaba todas las semanas. El objetivo era claro, había que volver a El Maiten.

Reviso esa planilla durante meses, hasta que surgió la posibilidad. Comenzó a trasladarse cada vez mas cerca, de modo que el momento estuviera cada vez mas latente.

Y fue así que logro regresar a la Patagonia, quedando a muy pocos kilómetros de lograr el anhelo.

Finalmente logró obtener el pase a su pueblo amado. Su superior salio a atajarlo, a decirle que solo perdía el tiempo, que en ese pueblo no iba a progresar. Pero el no lo escucho, armo el bolso y emprendió con rumbo a la estación ferroviaria.

Atrás iban quedando los días en que llego y el ingeniero que vio bajar del vagón a todos los chicos en busca de trabajo exclamó:

- ¿Que hizo el ingeniero en Maiten? ¡si yo no necesitaba a tantos!, acá mínimo la mitad se van a tener que volver.

En esos momentos lo salvo la liquidación que le dieron en la estancia, que le alcanzo para mantenerse a el y a otros obreros mas. Lo salvo tener una libreta a mano, para calcular lo que prestaba y asegurarse de que le fuera devuelto, para asegurarse de poder subsistir mientras todos los recién llegados eran puestos a prueba a fin de ver quienes serían los que se quedarían trabajando en la estación de Las Martinetas.

Atrás quedo aquel sufrimiento, ahora volvía un hombre formado, con nuevas ideas de como progresar en lo personal.

Allí nacieron sentimientos, pasiones, sufrimientos.

Entre esos sentimientos, pasiones y sufrimientos hubo algo que aprendió y excedía su formación como ferroviario.

Me contó alguna vez que en ocasiones al salir de trabajar se iba al bar de ese pueblo bonaerense, se sentaba y trataba de pasar el rato. Pero no era fácil, los compañeros discutían respecto de cual era el mejor equipo de fútbol en aquel entonces, que si era River, o que si era Boca, y la verdad es que a mi abuelo lo tenían bastante cansado con ese tema.

Por aquel entonces el había quedado sorprendido con un equipo que a nivel internacional generaba un respeto nunca antes visto en todo el mundo.

Lo que hacía el Club Atlético Independiente no era captado del todo aún en el país. Pero fuera de Argentina despertaba fascinación, al punto tal de que un medio en Colombia propuso cambiarle el nombre a la "Copa Libertadores de América" por el de "Copa Libertadores de Independiente".

Todo esto deslumbraba a mi abuelo, sumado a algunos torneos locales ganados en ese tiempo, y por sobre todo a la destreza de los jugadores de entonces que, comandados por Bochini y Bertoni, se encargaban de dejar en claro que ellos iban a rendir tributo a la primera linea del Himno Tango del Club, esa que dice "Somos los de Independiente de pierna fuerte y templada".

Fue suficiente para el, y fue suficiente para responderle a cada pasmado que se acerco desde ese momento a preguntarle:

- ¿Y vos Guillermo que pensas? ¿para vos quien es mejor? ¿River o Boca?

Fue muy simple para el:

- ¡A mi me dejan de joder con eso, yo soy de Independiente!

Suficiente y a otra cosa. No se hablo mas del tema. Ahora había otras preocupaciones, había que ver personalmente a ese equipo de juego místico, o como se decía en aquellos días: "De paladar Negro"

Supo a través de la radio que Independiente jugaría con Olimpo en Bahía Blanca, fue entonces que un domingo de franco salio corriendo a tomar el tren para ver y deleitarse. Fue una victoria sublime. Fue conocer un mundo que hasta aquel entonces solo había escuchado por boca de otros.

Luego los vio en Avellaneda, eso fue distinto, porque llego tarde y tuvo acomodarse en la tribuna visitante, la de Huracan, y muy callado ver como sufrían los porteños quemeros, como insultaban el perder por 1 a 0. Siempre recordó como despotricaron contra "La hormiguita roja", un jugador de ese entonces.

Esa pasión la llevo a El Maiten, donde en la estación los obreros hablaban de juntarse a jugar a la pelota. La inspiración los llevo a salir del turno noche a picar ladrillos y bloques antes de volver a casa, para luego empezar a levantar un club que tendría mucha impronta de aquellos que por radio escuchaban ellos que existían en Buenos Aires.

Mi abuelo me dio la pasión por un club que no llegue a conocer nunca en lo personal.

Aquella noche de Diciembre del 2010 miré al cielo y creí encontrarme con el. 

El ya se había ido, el cáncer lo había consumido, pero en mi mente seguía presente.

Yo desde ese entonces comencé a crear dentro de mi la conciencia de que uno nunca muere. Es el olvido el que puede matarte.

Comprendí que mientras estuviera en mi mente, mientras yo lo recordara en lo cotidiano, el seguiría presente. El solo moriría si yo lo dejaba escapar de mis recuerdos, si le soltaba la mano y lo dejaba perderse en el firmamento.

El firmamento puede ser blanco o negro, pero a medida que algo avanza en el, uno lo va perdiendo de vista por haberlo dejado ir.

Fue por eso que no quise soltarle la mano. El me llamo unos días antes de partir, me explico que ya no podía respirar bien, que era inevitable la llegada del final, me dijo: "Estudia mucho, siempre te voy a querer". 

Comprendí que mi mundo comenzaba a desmoronarse, que no había nada que yo pudiera hacer, el transitando sus últimos días en El Maiten, y yo en Córdoba, tratando de asimilar en soledad la dureza del momento.

Nunca quise soltarle la mano. Unas semanas antes nos abrazamos en el hospital del pueblo y lloramos lo que sería nuestro último encuentro.

Siempre lo voy a querer. Mas allá de todo. Recordando los paseos de niño en su camión por el pueblo.

Siempre lo voy a querer. Incluso mas allá de esta existencia. Yo sé que el hizo su mejor esfuerzo por dejarme algún legado, aún desde su mas humilde situación.

Lo nuestro fue una pasión mutua por el fútbol y los trenes.









En conciencia de la víspera del 1º de Mayo, día Internacional del Trabajo, y en recuerdo del 2 de Mayo, fecha de tu partida a la inmortalidad, quiero recordar al primer trabajador de nuestra familia reconocido por el estado argentino.

Te quiero abuelo, siempre te voy a querer.


lunes, 6 de abril de 2015

Fragmento 1

"...y casualmente hoy es tu cumpleaños.
Lo sé porque desde el día que te conocí nunca mas olvide esa fecha, ni tu nombre.
Hoy que solo quedan cenizas frías y esparcidas por el viento alrededor del parque donde alguna vez nos supimos conocer, solo me queda asumir que si algo salio mal fue por culpa mía.
Quisiera de alguna forma que supieras cuanto lamento todo lo que paso, y cuan arrepentido estoy del daño que cause.
Nunca mas podré verte de la misma forma a como te conocí aquella vez.
Soy un tonto que no supo como hacerte sentir bien..."

"Historia de lo que no pudo ser" 

martes, 10 de febrero de 2015

Mi propia mentira

Si tomo una frase de aquellas que me escribías podría decir que fuiste
perfecta elaborando mentiras.

Si tomo cada momento de los que te entregue en la mía, que termino
siendo tu vida, podría decir que fui perfecto deshaciendo mi alegría.

Termine siendo un chico que ya no tendría ni autoestima.

Pero es verdad, fui un tonto, que además actuaba de tonto porque en
cada acto buscaba robarte la sonrisa.

Las cosas tienen un motivo, hoy parecen una tontería, pero para mi
sirvieron para creer que se podía transitar el tiempo y el espacio en
compañía.

Entonces de algo sirvió y no es para que me invada la apatía.

Si te equivocaste, si me equivoque, fue porque buscábamos robarnos la
sonrisa; porque yo se que en el fondo no puedo mentir, yo también te
vi sufrir.

Si dijera que fuiste la peor experiencia vivida, entonces tendría que
decir que soy muy bueno elaborando mentiras.

No fuiste tan mala como creía. Soy yo, que en mi angustia me decía
"Nadie me hará sentir como ella lo hacía, pero tengo miedo de que otro
pueda sentir lo que a mi me dio tanta alegría".

Soy un tonto, un tonto que sólo se arruino la autoestima.

Fuimos libres alguna vez, somos libres nuevamente para buscar nuestras
propias alegrías.

Si vuelvo a cruzarte ya no te negare la sonrisa, porque soy culpable
de tu sufrimiento engañándome en mi propia mentira.

Nunca me verás llorar

señorita no me insista mas
mi mente en este momento
es como una noche helada,
fría y solitaria por demás

como un cristal roto
que fueron partes de un corazón
que ha dejado de funcionar

mi corazón es como un barrilete
que se eleva con el viento
 y que trepa por demás

que cuando el viento baja
cae desde las alturas
y azota al aterrizar

El viento y la lluvia
tapan mis lagrimas de tanto esperar
ese momento tan preciado
que ya no volverá.

sus ojos fueron primavera
que alegraron mi andar
le dieron sentido al niño
que de mí nunca deje escapar

pero hoy estoy tan solo y perdido
que me siento derrumbar
en esta noche fría y solitaria
en la que lloro por demás

La lluvia será mi mejor testigo
de que te ame
mas de lo que pude imaginar

La lluvia será mi cómplice
Nunca me verás llorar.

domingo, 31 de agosto de 2014

Impotencia de madianoche







Yo no entiendo que le vio.

Es bruto como un arado, torpe hasta el hartazgo, nunca le hizo un regalo, jamas va a tener un gesto de sutileza y respeto sincero hacia ella, pero sigue siendo el preferido.

Yo me desvivo entre frases elegantes, oídos plenos para ser el mejor en atenderla, sacando tiempo de donde no lo hay para poder verla, y este que aparece una vez cada tanto destilando el hedor del lúpulo barato mal elaborado se lleva todo el esfuerzo por mí trabajado.

¿Alguien puede decirme que estoy haciendo mal?








jueves, 14 de agosto de 2014











Hay una desorejadisima pifiandole a todas las notas en la guitarra y errandole a todos los tonos necesarios de la canción que es en ingles.

Vecinos....














domingo, 13 de julio de 2014

00.00 AM, Reflexión del momento

Mi bisabuela tenía una maquina, una rueca del tipo Mapuche, un artefacto de madera para hilar lana.

Ella tomaba la lana en bruto y la pasaba por ese artefacto, el pedal que había en la parte baja hacía girar una rueda que le daba movimiento a una pieza circular con una varilla interna que enrollaba la lana ya afinada en su grosor.

Luego, ese producto resultante lo pasaba por un Huso, también del tipo Mapuche, el cual, cuan rombo lo hacía girar y enrollar la lana hasta dejarla lo mas fina y útil posible para garantizar un buen tejido.

Mi mente en este momento parece una Rueca del tipo Mapuche.

Conozco a alguien, empiezo a hablar, a indagar sobre su pasado, sus alegrías y sus miedos.

Tomo esa historia en bruto, le hago preguntas, extraigo conceptos parciales, busco el origen de cada situación, y si no encuentro el origen de esa situación trato de llegar lo mas cerca posible a ese nacimiento.

Una vez cumplido ese proceso miro a la persona a los ojos y ya no puedo verla igual a como la conocí.

Ahora ese individuo es un sujeto con una razón de existencia. Ya no es un simple ente andante por las calles de la ciudad.

Ahora ya se porque sonríe, porque se angustia. Ahora se porque se alegra y porque tiene miedo.

Eso es lo que hago cuando conozco a alguien, suena obsesivo quizás si uno lo mira desde un lado simplista.

Pero pienso también que si se pretende la amistad, la complicidad de una relación cercana, es necesario tener ese gesto de acercamiento, es necesario que sea uno mismo el que se preocupe por saber el origen de esas sonrisas, o de esas lagrimas.

Yo entiendo lo dinámico y rápido de estos tiempos, pero creo sinceramente que debería estar prohibido llamarle amigo a alguien si no se conoce bien a esa persona.

(Sujeto a modificación)



domingo, 13 de abril de 2014

La tarde que conocí a Laiseca

Fue una tarde, la estación otoñal pero con un clima veraniego que se negaba a caer en la antesala del invierno.

Iba a ser en el teatro frente a la Plaza General San Martín, el Obispo Mercadillo, pero dada su particular situación, su delicada salud, termino siendo en uno de los patios internos del cabildo.

Allí volví a verlo a Walter, tantos años, teníamos cosas en común, una de esas, tan maravillosa por cierto, nos llevaría a encontrarnos nuevamente.

El entró, pidió disculpas por el artefacto de ayuda para caminar "La próxima vez prometo que no voy a tener esto encima", recuerdo que dijo mientras lo levantaba y dejaba caer con fuerza.

Nos contó lo que fue la visita, los reconocimientos, nos agradeció la paciencia, la concurrencia que no fue menor, donde se noto que el patio del cabildo no era comparable en sus dimensiones al cómodo salón con confortables butacas del Obispo Mercadillo.

Y finalmente acomodo el clima del lugar, impuso su voz, y comenzo a relatar...
                                                             La caída de la casa Usher.

Para cerrar un día magnifico Walter le pide al relator que le conceda el honor de encenderle un cigarro. Aún hoy me sorprendo de haberme avivado a tiempo de fotografiar el instante, algo que Walter no sabía como agradecer, y algo de lo que yo evidentemente no guardaba noción sobre su magnitud.

Cerramos la tarde con mi amigo buscando una casa fotográfica, viendo donde dejar el rollo, ya era tarde, y nos salvo el shopping a tres cuadras, no quedaba mucho tiempo y el muchacho tenía que tomar su colectivo de regreso. Su visita a la ciudad había sido muy fructífera.


Mi felicidad se puede ver en la foto. Fue un gusto, Señor Maestro.



 

Lo extraño de volver después de tanto tiempo

Es interesante ver lo difícil que es mantener un blog.

Inicialmente este iba a ser un espacio donde publicara mis cuestiones personales, una alternativa mas propia para separar mis pensamientos mas periodísticos que me dedicaba por ese entonces a transmitir en No tan Cuerdos, ese blog al que le dedique tanto trabajo de imagen, y que en algún momento parecía que empezaba a salir adelante, justo cuando los blogs ya empezaba su camino hacía el declive inevitable.

Cuando empece con mi Pequeño Espacio de Vesania, lo hice para tener mi lugar de catarsis, que ya de por sí, como se puede leer en mi primer post aquí esto no era mas que la continuación de mis cuadernos reflexivos de uso diario, que tenían como antepasados cerca de una docena de libretas reflexivas que supe usar en el secundario, las cuales iban en mis bolsillos acompañándome constantemente ante la mínima necesidad de querer plasmar algún pensamientos.

No siempre fui de escribir. Supe tener días que no escribía nada en mis libretas, también los tuve con mis cuadernos, en mi ultimo cuaderno hace meses que no anoto nada; quizás así se entienda mejor el porque he dejado tan abandonado este blog.

Se suma otro detalle. Por aquel entonces algunos conocidos bloggers daban a conocer métodos y estrategias para que el espacio personal de cada uno pudiera progresar, ya que se entendía que el espacio del blog solo iba a progresar si nos ayudábamos entre todos; de modo que se planteaba a través de los mas expertos que era muy necesario que uno tuviera constancia, que al menos unas dos o tres veces a la semana se actualizara el sitio, porque de lo contrario se corría el riesgo de que se perdiera la curiosidad del lector por saber si uno había actualizado su espacio.

Supe tener toda una lista de los blogs mas concurridos y de los de mi particular preferencia, para consulta, para mi ocio.

En su blog cada uno volcaba su creatividad, su particularidad al escribir.

Cada tanto suelo cruzarme con alguno de esos bloggers o de algunos seguidores de algún blog en particular, se los puede leer en la "nube", como si anduvieran errantes, ahora que todos tenemos tiempo solo para facebook, twitter, instagram (no es mi caso en las ultimas dos), y por lo tanto ya no parece haber tiempo para vivir el tiempo en internet como hacíamos hace 4 o 5 años.

Es la nostalgia de volver a este espacio.

Voy a ver seriamente como hacer para tener un poquito mas de constancia, ahora que ya no hay visitas, ahora que ya no queda nada de aquella época en la que era feliz pensando que aprendía periodismo mientras intentaba sacar una nota decente.